No somos nadie…


cielo Esto debe ser una pesadilla… joder que mal lo estoy pasado. De vez en cuando sueño cosas chungas pero lo de hoy no está teniendo ninguna gracia, no sé a que viene. Intento abrir los ojos y despertarme pero no lo consigo…

Estamos toda la familia comiendo, como cualquier otro viernes. Son las 3, se nos ha hecho un poco tarde porque he querido dejar terminado mi trabajo antes de volver de la oficina. Dentro de un rato me recogen los colegas, ¡vaya fin de semana vamos a pasar en la playa!

Ya estamos terminando de comer y mi padre me indica que vaya a la cocina a por el postre. Me levanto sin rechistar, al fin y al cabo todos han estado esperándome para comer. Vuelvo con la fruta pero tan afanado estoy en complacer a la familia que se me ha olvidado coger algo para mí. Vuelvo a la cocina y regreso con una pera, hoy me apetece eso. De repente un fuerte dolor invade mi pecho. No sé que me pasa, no puedo respirar. Sin más me voy al suelo, la pera sale rodando hasta los pies de mi madre.

Toda mi familia se levanta, nadie sabe que ocurre. Mi hermana rápidamente llama a la ambulancia mientras mi padre intenta reanimarme. Todo es inútil. A mis 24 años estoy en el cielo, pasando mi juicio particular mientras allí abajo me intentan devolver la vida.

Deben haber pasado unos 15 minutos cuando llega la ambulancia. Mi padre no ha cesado en sus intentos de reanimarme. Los médicos lo siguen haciendo pero habiendo pasado tanto tiempo sin latir mi corazón poco consiguen. Yo mientras observo todo desde arriba y continúo de juicio, que momentos más amargos.

En el cielo todo es distinto. El tiempo por ejemplo no existe. Mientras que a mi se me juzga, veo a mi padre cargado de valor llamando a mi familia, a mis amigos… y también veo como cada uno reacciona ante la noticia. La información va corriendo de unos a otros como la pólvora. Este hecho me empieza a alegrar porque siento como la gente se preocupa por mi.

Desde aquí no recuerdo nada más hasta el momento del funeral. Ya en la Iglesia veo que se han reunido muchísimas personas para darme el último adiós. A algunos no los recuerdo, no sé quienes son o que significaba para ellos, pero ahí están. En este momento no puedo aguantar más y se me saltan dos lágrimas al ver a tantos jovenes, al ver que algunos han hecho un largo viaje sólo para despedirme.

Durante la Misa se confiesa una barbaridad de gente. A mi me queda esperar a mañana sábado para que mi Madre me saque del purgatorio pero tengo entendido que todos estos actos son muy importantes para que el Señor me acoja en su Reino.

Es la homilía. El sacerdote es un viejo amigo. Reseña algunas de mis virtudes y no tiene reparo en publicar facetas privadas de mi vida, como aquella romería privada que realicé 2 días atrás con mi padre en la Fiesta de la Asunción. Ahora alienta a mi familia y les recuerda que nuestro Dios es un Padre y como tal siempre procura nuestro bien, como aquel padre que obliga a su hijo pequeño a comer, a dormir o a bañarse. Dice que si Dios me ha llamado, quizás sea porque es mi momento, y que deben estar seguros de que lo hace bajo su cuidado paternal. Cuanta razón lleva.

La Misa sigue y más y más oraciones llegan al cielo. A la hora de Comulgar prácticamente la totalidad de la Iglesia se vuelca. De repente aparece un ángel donde estoy y me comunica que la Justicia y Misericordia de nuestro Señor me reclaman en el Paraíso. ¡Qué alegría más grande! ¡No sabéis como os agradezco lo que estáis haciendo por mí!

Algunos acompañáis a mi familia al cementerio. Son unos momentos muy difíciles y todo el apoyo que se les brinda es poco. Están destrozados.

Tras esto volvéis a vuestras ciudades. Veo que algunos seguís rezando en el camino por mí… gracias a esto mucha gente va saliendo del purgatorio, que cracks sois.

Mis amigos de Jaén tienen ahora un gesto muy gracioso. Han llegado a su ciudad, se han duchado y salen a tomar algo con su gente. Algunos que los ven dicen que no me debían tener ningún aprecio y que se han tirado todo el día en el coche sólo para cumplir. Me río de ver a aquellos que juzgan a los demás sin ser nadie para ello. Yo ya estoy en el cielo y ellos que me conocen demasiado lo intuyen. Para mí no puede haber mayor satisfacción que esta, y para ellos sé que tampoco la hay y por eso aunque algo tristes, también están muy felices. Es verdad que no nos vamos a ver más por ahora, pero también es verdad que venimos para dar Gloria a Dios en la tierra y para reunirnos y ser felices con Él en el cielo, y esto precisamente ya se ha cumplido.

En ese momento me despierto de repente. Todo esto no estaba siendo una pesadilla sino que era una bonita realidad.

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