La hora de Manuel Pizarro


¿RECUERDAN a Manuel Pizarro? ¿Recuerdan su debate con Solbes, sus advertencias de que se aproximaba una crisis muy seria, de que la economía española tenía desequilibrios muy graves, y la respuesta arrogante, displicente, del ministro, asegurando que nuestra economía estaba a salvo de las contingencias externas, que su base era fortísima, y que quien lo dudase no tenía idea de lo que decía? Pues resulta que quien tenía razón era Pizarro y quien no tenía idea de economía era el ministro del ramo, que acaba de confesar que esta es la peor crisis que ha visto en su vida, que ha tenido que aumentar las garantía de los depósitos e inyectar 30.000 millones en el sistema financiero, que niega las predicciones del FMI de que entraremos próximamente en recesión, como negaba las predicciones que llegaban de Bruselas. ¿Qué crédito puede tener este hombre, que lleva seis meses contradiciéndose él o viendo como los hechos le contradicen? ¿Quién puede creer en su palabra, en sus cálculos, en sus predicciones? Porque, una de dos, o es un ignorante total en asuntos económicos o es un cínico más total todavía, para quien la verdad está siempre supeditada a la conveniencia política. En cualquier caso, alguien muy poco de fiar, a quien nunca compraríamos un coche. Y sin embargo, le hemos entregado nuestros ahorros.

Dicen los expertos que el componente más importante de una crisis económica es la confianza. Más que el dinero. Si no hay confianza, el dinero se esconde y la crisis continúa. Pero ¿qué confianza puede inspirar un gobierno como el de Zapatero, que nos ha mentido, no ya en economía, sino en todo, que nos aseguró tener pruebas de que podía traer la paz al País Vasco negociando con ETA, que nos vendió los nuevos estatutos como el fin de las ambiciones nacionalistas y como la fórmula para vertebrar definitivamente España, que nos garantizó que estábamos a salvo de la crisis económica? Las mentiras o errores de cálculo de Bush respecto a Irak son bagatelas comparadas con las mentiras o errores de cálculo de nuestro Gobierno. ¿Qué confianza pueden inspirar en inversores y depositarios? ¿De qué sirven sus medidas, sus palabras? ¿Qué autoridad tiene para pedirnos, como nos pide la vicepresidencia con gesto mohíno, que arrimemos el hombro, después de habernos mentido tanto? Antes, tienen que disculparse y reconocer que se han equivocado. Ese sería el verdadero y único camino para superar la crisis, para saber que van en serio, que no tratan, una vez más, de engañarnos. Mientras no lo hagan, pensaremos que con este Gobierno, lo único que cabe hacer es lo que él hace: salvarse uno y allá se las arreglen los demás como puedan.

Desde donde esté, Manuel Pizarro podría alegrarse de tener razón. Pero estoy seguro de que no se alegra por estar hecho de una pasta muy distinta a la del que displicentemente le ninguneaba. Aunque también hay que recordar que los españoles preferimos votar al ignorante o tramposo. ¿Le seguimos prefiriendo? Pues entonces, no tenemos remedio.

Artículo por Jose María Carrascal
ABC. Viernes, 10/10/08

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