Una detrás de otra


ambulanciaAcabo de salir del hospital como consecuencia de mi última operación y he pensado completar un poco mi autobiografía viajando entre las diferente intervenciones quirúrgicas y accidentes varios acaecidos en mis ya 26 años.

Desde muy pequeñito ya se vio que parte de mi vida la pasaría entre escayolas y bisturís. Tenía apenas un año y medio cuando de alguna extraña forma desestabilice a mi padre mientras portaba una pesada placa de acero que cayó ipso facto sobre mi pequeño piececito. Esa fue mi primera escayola y aún hoy sigo teniendo la uña del dedo gordo partida como recuerdo de aquella aventura.

Pasaron unos años hasta que tuve el segundo infortunio digo de reseñar, con 8 años y viviendo en Los Villares. Una noche lluviosa mientras volvía a casa recogí un trozo de azulejo al pasar por una obra a medioconstruir y quise arrojarlo fuertemente contra ella para como tradicionalmente se dice “hacer la gracia” pero con tan mala suerte que una de sus aristas rajó el lóbulo inferior de mi dedo gordo. La sangre empezó a brotar de forma desmesurada y los pocos metros que ya me separaban de casa los hice en un “santiamén”. Mi madre me llevó rauda y veloz a la consulta del pueblo donde con mis llantos y quejidos fue imposible dar más de un punto de sutura frente a los 4 que pretendía el médico.

Ya en Jaén y con 11 años, un viernes tras salir del colegio fui a jugar con mis amigos cerca de casa. El plan de la tarde preveía tirarnos por una rampa deslizante sita en el “pasaje Lis Palace”. Mis amigos (recuerdo a Dani Muñoz, Carlos Boadi y Chules) se tiraron sentados a modo de tobogán. Yo, con las cortas luces que me caracterizan, lo hice de pie. Obviamente la cosa no acabó bien y al llegar al final volqué hacia la derecha y detuve el golpe con mi muñeca. Me rompí el cúbito y el radio y fue necesario intervenir hasta en 5 ocasiones con anestesia general para colocar los huesos en su sitio antes de escayolar. Evidentemente las operaciones se realizaban con una cadencia de 15 días ya que los ineptos médicos jiennenses no lo fijaban lo suficientemente bien como para que no se desplazara al cabo de los pocos días.

Una de las situaciones más difíciles ocurrió en 3ºBUP cuando mi amigo Miguel, su abuelo  Rodolfo y yo sufrimos un accidente en la misma puerta de mi colegio. Un coche que venía a gran velocidad nos envistió e hizo volcar el vehículo en que viajábamos. Desde momentos anteriores al siniestro hasta la tarde del día siguiente no recuerdo nada. Al principio perdí la consciencia y posteriormente la recuperé, pero en mi mente no queda ningún recuerdo del mismo. A mi me diagnosticaron un pequeño derrame cerebral que curó sólo con el paso de los meses, a Miguel le dieron algunos puntos en la cabeza y su abuelo corrió la peor de las suertes y desde entonces nos cuida desde el cielo.

De todos los esguinces de tobillo que he sufrido relataré tan solo el más grave, el sufrido en un 24h de fútbol sala jugado en Martos. Recuerdo que me lo hice yo solo en velocidad con el balón al pisar mal un pequeño bache de la asfaltada pista. Posiblemente sea la lesión más dolorosa que he sufrido ya que recuerdo como caían gotas de sudor frío por todo mi cuerpo acompañadas de un dolor casi insoportable y fuertes pinchazos en la zona afectada. Fui rápidamente a Urgencias aunque en ese breve periodo de tiempo el tobillo ya tenía un tamaño algo superior a su doble y oscuras manchas fruto del derrame invadían todo el pie. Allí el padre de un buen amigo considerado un importante traumatólogo me escayoló desde el tobillo hasta pasada la rodilla y me mando para casa citándome dos meses después para retirar el yeso. A mi madre no le gusto mucho la idea y al día siguiente conoció la existencia de un reconocido fisioterapeuta (Luis Baños) y me llevó a él. Lo primero que hizo fue retirar la escayola, lo segundo diagnosticar el esguince de tercer grado tanto interno como externo con rotura parcial de ligamentos y lo tercero ponerse manos a la obra para curarlo. Así, tras más de un mes de sesiones diarias, recobre la estabilidad y la fuerza para soltando las muletas hacer vida normal.

En octubre de 2006 sufrí una rotura de escafoides mientras una vaquilla me toreaba. Esto ocurrió un sábado por la mañana si bien mi temeridad me indujo a seguir toreando el resto de día y sólo ir al médico cuando la inflamación y dolor eran más que preocupantes (llámese domingo por la noche). Me escayolaron y advirtieron que este tipo de lesiones no solía soldar sola por lo que me escayolarían un mes y luego si no ya se operaría. Aún me pregunto el por qué de esperar un mes y no hacerlo antes… Pedí cita en la Clínica CEMTRO (ya que por fin teníamos seguro médico) y el Dr. García de Lucas no dudo en darme cita para operar lo antes posible. A estas alturas ya llevaba 1 mes y pico de escayola y el hueso seguía igual de roto que tiempo atrás. La operación, con anestesia local y sedante, fue un éxito si bien cuando los efectos de los calmantes se esfumaron pase el momento de mayor dolor de mi vida, empezando a hiperventilar y rogando un calmante que no tardó en llegar y hacer que todo volviera a la normalidad. Andrés Olmo acudió a visitarme y la mayoría de mis amigos se interesaron activamente por conocer mi evolución. Tras 15 días con escayola ésta dejó paso a una férula y posteriormente a una muñeca sana y fuerte.

El último percance acaeció el pasado 7 de enero jugando al fútbol con mis amigos. Corría luchando un balón con Rafa Escalante y al pisar la bola y cargar peso contra la rodilla ésta no aguantó y tres fuertes crujidos me advirtieron de que algo no iba bien. Caí al suelo retorciéndome de dolor y mis amigos no dudaron en bajarme a Urgencias. Me dijeron que posiblemente hubiera alguna rotura de ligamentos pero que eso ya me lo dirían tras hacer una resonancia por lo que me vendaron la rodilla (mal por cierto), me pincharon un calmantes y me mandaron para casa. Al día siguiente visité a Luis Baños que nuevamente diagnosticó (sin necesidad de más pruebas) la rotura de LCA, las lesiones de menisco y de otros ligamentos. Empecé las sesiones de rehabilitación, me hice la resonancia, visité algún traumatólogo en Jaén y por fin llegó el día en que me vieran nuevamente en la Clínica CEMTRO. El Dr. Flores no necesitó ver la resonancia para decirme que el LCA estaba roto y que si quería volver a practicar deporte debía operarme. No dudé en decir que sí y ayer por fin me intervinieron durante algo más de 2 horas para dejarme como nuevo, si bien los detalles los contaré en otro post.

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