Mantén el combate lejos de los muros de la fortaleza


comprasFue directa. Gris, elástico y con lentejuelas. Leti se lo había recomendado. 9,90. Perfecto para el vestido de seda estampada. Lo buscó afanosamente en la sección de cinturones. De estrellitas, talla única, con cuerdas, superanchos, un elástico mini de colores variados… El gris no aparecía. Preguntó a una dependienta: segunda planta, sección Trafaluc. Antes de dos minutos Maripili ya había localizado, desenterrado, desenrollado y comprobado la calidad de su objetivo. Con su nueva adquisición se dirigió a la caja. Miró detenidamente su nuevo accesorio, no le faltaba ninguna lentejuela y comprobó de nuevo el precio. 9,90.

Había cola. Las colas son espantosas, no sólo roban tiempo sino que además fomentan la reflexión. Lo miró de nuevo y un leve remordimiento le recorrió la espalda. Era tan imprescindible como innecesario, quedaban sólo unas semanas para la rebajas y la cifra 4 millones sigue aumentando. Rápidamente levantó la cabeza buscando una excusa que le disipara los remordimientos. Ahí estaba su excusa, el vestido tan ideal con los zapatos de alza y taconazo continuaba colgado en la percha con un precio mucho, mucho más elevado. ¡Eso!, pensó, no me estoy comprando “aquello” y reconsideró a su nueva adquisición como justificada. ¿Y si no llega a las rebajas?. No, no podía arriesgarse y se aseguró de estar bien colocada en la fila.

De repente, una mujer que parecía estar devolviendo su herencia en prendas diversas, paralizó la cola, situación que le invitó de nuevo a la reflexión. “La elegancia es sobria”, “reciclar es un arte”, “estrenar ropa continuamente es vulgar”. Cuando ya parecía que toda su artillería de argumentos disuasorios a la compra estaban ganándole la batalla recordó el suplemento de su revista de cabecera “los 5oo imprescindibles de este verano”. “9,90”- Le dijo la dependienta y Maripili sacó la tarjeta, firmó el ticket, recogió su bolsa y salió de Zara como una autómata.

Al cruzar la calle le invadió un sentimiento de derrota. Toda su “artillería de autodisuasión” había fracasado. Quizás tendría que haber hecho caso a aquel sabio consejo “mantén el combate lejos de los muros de la fortaleza”. Lo siento querido Amancio, pensó, pero de ahora en adelante me decretaré “orden de alejamiento” y no me acercaré a menos de dos manzanas de tus escaparates.

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