Adiós piso del Consorcio… adiós!


Hace un rato hemos terminado de desmantelar el piso del Consorcio, piso que nos ha visto crecer desde hace muchos años, en el que hemos pasado momentos muy grandes, piso que ha sido testigo de nuestras fiestas y cotillones, de nuestras partidas de mus, risk y timbas de poker, de noches de cenas y películas, de barbacoas (creo que merece mención explícita la barbacoa de despedida que además dio pie a despedir también un mal hábito en mi vida), de paellas, de tardes de feria, de roscones de reyes… piso que hemos ido formado entre todos de los que allí hemos disfrutado, algunos con objetos materiales y los más con su presencia.

Al principio no había mucho… bueno, no había nada. Lo primero que plantamos fue una mesa de billar en mitad del salón que nos costó horrores subir por las estrechas escaleras, una estantería vacía y una mesa de camilla con 4 sillas. Poco tardó Javi en bajar una tele que ya no usaban en casa, un mueblecito y un sillón de Alo, la Dreamcast con sus juegos de MAX, los vasos, manteles, cortinas y sillones del colegio que consiguió Elena, y unos sofás y sillones de Juan. Más tarde el techo y las paredes fueron cogiendo color con banderas, espadas y los posters que nos daban en los videoclubs, que se cambiaron muchos de ellos después por otros de conciertos, de toros o de la feria… Incluso y con motivo del entierro de Juan Pablo II pusimos un póster gigante en su honor que presidía todo el salón.

Llevábamos ya algún tiempo cuando amueblamos la cocina e incluso compramos un frigorífico después de que se rompiera el que nos dio Andrés. Cuando acabé la carrera desmonté mi piso de Madrid y aporté un juego de café y algunas fotos (que hoy vuelve a mi piso, esta vez de Linares), del colegio nos volvieron a dar un sofá y muy probablemente me dejo otros regalos en el tintero.

La vacía estantería del principio también se fue llenando hasta estar a tope de botellas de bebidas refrescantes que consumíamos allí (hoy hemos tirado más de 140 botellas). Arriba del todo fuimos colocando una de cada tipo en representación de los mejores momentos que pasábamos.

Todos los años hacíamos una o dos quedadas para limpiarlo a fondo bajo las órdenes y supervisión de Elena que siempre se empeñaba en tirar más cosas de la cuenta a mis espaldas (¿dónde está…? Y allí todo el mundo se hacía el sueco). Cuando acabábamos hacíamos una cena especial y ese día no permitíamos que cayera ni una cáscara de pipa al suelo… bastantes ácaros habíamos respirado para que se estropeara ese bonito momento tan pronto. El olor a limpio incluso conseguiamos que durara unas semanas.

La verdad es que cuando pasas muchos años allí viernes y sábados, cuando todo se ha conseguido poco a poco, cuando para el recuerdo quedan tantísimos buenos momentos, tantas y tantas risas… el palo de tener que vaciarlo y tirar todo es duro y la nostalgia llega a invadir por momentos.

He querido llegar un poco antes de la hora a la que llegarían Falín y Rafa para empezar a recoger algunas cosas… algún póster que quería salvar, el juego de café, la bandera de mi Atleti, la videoconsola y sus juegos… y lo que más pena me ha dado: esas fotos colgadas en la pared, la mayoría arrastradas desde Madrid y que eran sólo un ejemplo de los buenos momentos que todos los amigos habíamos pasado juntos (fotos que por cierto también voy a recolocar, tal y como estaban, en mi piso de Linares). En ese instante he necesitado compartir con alguien el momento y me he acordado de un amigo, que por cierto también anda de mudanza, y le he mandado por Whatsapp la foto en que salíamos de hace unos años en la feria y otra de nuestra estantería de “trofeos” que ha sido lo siguiente en desaparecer. No me cabe la menor duda de que de haber podido hubiera venido a ayudar como tantos otros que tampoco han venido por motivos de peso.

Los dos Rafa´s junto con un par de compañeros de trabajo han llegado a la hora prevista para continuar recogiendo el piso y finalmente desmontar y trasladar la mesa de billar (¡¡¡gracias a los 4!!!). No se nos ha hecho muy tarde e incluso esperábamos que nos hubiera costado mucho más esfuerzo el bajarla… se ve que muchos años después de subirla estamos más fuertes!

Y así, saliendo por la puerta y del piso con lo primero que hace tantos años entramos se cierra el último capítulo del libro que todos estos años hemos escrito entre tantas personas. Hoy se ha puesto el punto y final y ahora… ¿qué vendrá?

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2 comentarios en “Adiós piso del Consorcio… adiós!

  1. La verdad es que ha sido una pena tremenda dejar ese piso, porque básicamente nos ha visto en nuestros mejores momentos, y era el piso donde nos juntábamos los amigos, y lamentablemente en esta feria próxima no podremos volverlo a visitar…

    Sin duda algo material que ha aportado y mucho a todos nosotros, era genial!

  2. Pingback: Hasta siempre, 2010 « Lo que no se suele decir

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