No estéis tristes


Miércoles de ceniza. Creo que a todos nos pasa que al escuchar esta palabra inmediatamente pensamos en el típico trozo de pescado rancio con guisantes o espinacas que nuestra madre andará preparando para comer, precisamente hoy que no hemos desayunado (o deberíamos haber desayunado poquito). Ante este panorama lo más normal es no estar especialmente ilusionados con el resto de mañana que nos queda. Después, entre que hoy tampoco se merienda y ni siquiera podemos plantearnos unas cañas tras el partido… la tarde sinceramente promete poco.

Ya ha sido el entierro de la sardina así que doña Cuaresma llega azuzando. Para colmo de males a partir de ahora los viernes tendremos que hacer hincapié al camarero para que las tapas no sean de carne, ni siquiera de habitas con jamón sobre la que retirar las habas. ¡Válgame Dios! Pero… una cosa, ¿cumplimos con esto “porque sino es pecado” o “porque es una tradición”? ¿Lo cumplimos porque en casa mamá prepara pescado pero cuando salga a la calle y si encarta haré lo que me apetezca? Es que de ser así no tiene ningún sentido continuar con esta farsa y jugar al tonteo…

Cuaresma: 40 días antes de la Resurrección del Señor. Nos preparamos para la fiesta más grande que cualquier cristiano puede celebrar, la fiesta que da sentido a nuestra existencia y a nuestra fe, la que nos asegura que después de esta vida nos espera la Vida; ¿cómo entonces hacer estas cosas nos provoca tristeza? ¿Os soléis poner tristes cuando antes de ir de boda salís a comprar un traje nuevo? Si lo miramos así y le damos su verdadero sentido, la cosa puede que empiece a tomar otro matiz.

La Cuaresma es un tiempo de preparación hacia la Pascua donde la Iglesia nos invita a intensificar la oración, mortificación y limosna para así luchar más decididamente contra el orgullo, vanidad, soberbia y pereza que normalmente es la puerta a otras imperfecciones y pecados que nos apartan de Dios y de los demás. Luchar contra cualquier vicio exige esfuerzo pero es la única forma de estar menos apegados a nosotros mismos, a nuestros caprichos, apetencias… y por tanto ser mucho más libres.

La Iglesia nos invita a unos mínimos: ayuno y abstinencia (Miércoles de ceniza y Viernes Santo) y abstinencia (todos los viernes hasta el Viernes Santo). ¿Cuántas morficaciones no realizamos a lo largo del año por darnos el gusto a nosotros mismos? Qué si la dieta del calabacín para lucir bañador, que si el gimnasio para tenerlas locas,  que si vuelta y vuelta en la hamaca para ser el más moreno de Torremolinos, que si la cola de 5 horas para comprar la entrada de los Rolling… Y sin embargo por Dios que ha muerto en la Cruz para salvarnos, ¿no somos capaces de sacrificarnos un poquito y demostrarle que lo queremos y que estamos para lo que Él quiera? Como diría señor Dador: #ACOJONANTE.

Os animo desde aquí a que además de estos mínimos que la Iglesia propone os hagáis una pequeña lista de morficaciones para mejorar estos días y estar más cerca del Señor. El ayuno de no comer entre horas se puede complementar sin escuchar música, sin jugar a la play, sin hacer deporte… o incluso si estamos acostumbrados a desayunar tostadas de picadillo podemos intentar sobrevivir con las de aceite y el tomate. Hacer bien la cama, estar más servicial y alegre en casa, desconectar las redes sociales, no fumar, ir andando o en bus en lugar de coger el coche, cambiar la cerveza por el trinaranjus o incluso no salir de cañas… Aquí lo importante no es hacer una gran cosa cada semana sino más bien pequeñas cositas que nos cuesten a diario para así fortalecer poco a poco nuestra voluntad.

En cuanto a la limosna está muy bien echar unas monedas en Misa, pero quizá sea mucho mejor hacerla dando a los demás de nuestro tiempo, preocuparnos por lo que les preocupa, escucharles, ayudarles… e incluso ir un poco más allá y darle al Señor también un poco más de ese tiempo que a nadie nos sobra. ¿Habéis hecho ya vuestro curso de retiro anual?

Merece la pena esforzarse un poquito estos días por mejorar. Lo tenemos a huevo así que no lo dejes para mañana y saca algún propósito ahora mismo para con ayuda de la Virgen, que tan mal lo pasó a los pies de la Cruz, ¡cumplirlo!

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