Algo sobre la amistad, a propósito de la muerte de Belén


Amigos y alegríaHace casi tres años que Belén murió. Hoy en GivenFaith la recordamos gracias al testimonio de su hermano Borja. Mientras estudio el examen de esta tarde me venía a la mente esta reflexión que ahora os comparto.

¿Qué estaría haciendo Belén el día 30, a las 11:15 de la mañana, hace 3 años? No tengo ni idea. Posiblemente, y como yo ahora, estudiar. Estaría en su colegio, rodeada de sus amigas con la alegría y sonrisa que le caracterizaba. Impensable para ella, seguro, la tragedia que se le venía encima apenas 36 horas después. ¿Qué habría hecho si llega a saber el fatal desenlace? Nuevamente, no tengo ni idea, pero me gustaría pensar que nada. Sí, he dicho nada. Y digo nada porque quizá fuera una de esas personas que viven cada minuto como si fuera a ser el último, convencidas de que así algún día acertarán.

Yo creo ser un poco así. Quizá no siempre, porque es un ritmo que a veces agota, o porque ciertos estados de ánimo a veces imponen mandar todo a paseo (por decirlo finamente). Pero por lo general, lo hago. No porque piense en ello e idee complicadas estrategias, sino porque de alguna manera en mis algo más de 30 años así lo he hecho y por tanto así lo llevo interiorizado.

The Holstee ManifestoLife is simple, life is short. Son dos de las frases que hay escritas en un póster de mi habitación y en algún sitio más. Por ello, porque no sabemos el día ni la hora, yo prefiero vivir de esta manera y hacer de la vida algo fácil, disfrutando de cada momento y de la gente, muy en especial de los que más quiero.

Así, no debería extrañar y ojalá y todos lo hicieran el dar un abrazo o el decir un qué grande eres tío sin que aparentemente venga al caso. O una despedida aunque solo sea para ausentarse un par de días. O el estar pendiente de los pequeños detalles, de ayudar en unos encargos, de estar cerca de ellos ya sea en una mesa de estudio, de comedor o en el banco de una iglesia. O una o mil bromas con las que hacer reír y por supuesto reírte. O pararte en un MacDonald’s a echar una de euro. O salirte a un balcón a tomar unas cervezas. O mandar una postal o traer un recuerdo cuando echas de menos al ausente. ¿Cuál es el límite? Yo creo que el límite es que no haya límite, aun a sabiendas que ello implique el peligro de que la gente deje de valorar esas cosas. ¿Cuántas veces has dicho a la gente que quieres… que la quieres? No hay que esperar un buen momento para hacerlo, porque además de que cualquier momento es bueno (aunque sea un poco trágico), quizá no haya otro.

Mi padre me dijo una vez que los amigos se podían contar con los dedos de una mano. Yo creo que no así la gente a la que querer, para lo que igual que con los detalles, tampoco creo que haya límite.

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