La amistad: el mayor de los bienes exteriores


el-valor-de-la-amistadEl post de hoy quiere reflexionar sobre la amistad a partir de las enseñanzas de Aristóteles, que no por ser de hace más de 2300 años han dejado de tener valor. Más aun, todo lo contrario: su valor radica en su antigüedad, en ver y comprobar que la amistad es un valor eterno e inmutable porque posee la misma actualidad hoy que hace 23 siglos.

 

Sobre la virtud

La amistad es una virtud, y como toda virtud cuesta esfuerzo conseguirla, cuesta trabajo mantenerla y, además, no todos la poseen. La virtud se construye a partir de la repetición de actos buenos, y quizá porque el objeto de la amistad es el otro, son muchos y muy variados los actos que se han de ejercitar, y muchas las virtudes colindantes que entran en juego, como la sinceridad, generosidad, humildad, prudencia, justicia…

Sin embargo, quizá en que sea difícil de conseguir radica su grandeza. Los amigos pueden llegar a ser lo más necesario en la vida, y creo que nadie querría vivir aunque tuviera todo tipo de bienes si no tuviera con quien compartirlos, porque el ser humano es un ser social por naturaleza. Los amigos, pensamos, son el mayor de los bienes exteriores. Así, en la pobreza o en la desgracia, los amigos son el único refugio.

De modo natural, esta amistad surge entre padres e hijos, y de forma artificial en el momento en que uno los escoge como a su propia familia. Los jóvenes, gracias a la amistad evitan el error; los viejos se sostienen en la debilidad y, cuando uno está en plenitud de facultades, consigue en la unión una mayor fuerza.

Sobre el bien del otro

La amistad, no solo es necesaria sino que también y sobre todo es hermosa. Existen distintos grados de amistad pero nunca se tiene por un objeto, dado que en él no hay reciprocidad ni deseo de su bien. No ocurre igual en el amigo, en donde la amistad además de ser recíproca, se busca siempre y ante todo el bien del otro. Cuando la amistad se basa en el interés, el beneficio o la búsqueda de agrado se disuelve fácilmente al acabar su utilidad o sentimiento.

La amistad es perfecta cuando se da entre hombres buenos e iguales en virtud, porque quieren para el otro lo auténticamente bueno. Además, una de sus características fundamentales es que esté basada en la igualdad: cada uno obtiene lo mismo del otro y cada uno quiere lo mismo para el otro. A veces, no obstante, se da una desigualdad que es salvable, como en el caso del padre y el hijo o del mayor y el joven. En ellas, debe primar el afecto proporcional y para ello, el mejor debe recibir más afecto que el que profesa. En ello se basa el equilibrio y la vuelta a la igualdad.

Sobre su construcción

Sin embargo, este tipo de amistad es rara porque los hombres no suelen ser así, y porque requiere de tiempo y trato (es imprescindible para conocerse de verdad y aceptarse mutuamente). Dos personas que se dan al intercambio rápido de pruebas de amistad manifiestan su deseo de querer serlo pero se debe saber que el deseo de amistad surge rápido pero no así la amistad.

La amistad está a salvo de la calumnia, porque uno no cree al otro ya que ha puesto a prueba a su amigo durante mucho tiempo. Existe una confianza mutua y una imposibilidad de agravio. El bueno, al hacerse amigo, siempre busca el bien para aquel de quien es amigo.

Preferimos ser queridos, pero la amistad consiste más en querer, como una madre quiere a sus hijos sin buscar correspondencia. Los amigos que saben querer así, son seguros. Los amigos impiden la torpeza de apartarse del bien y de apartar a los suyos del bien. No hacen, por ello, peticiones torpes o estúpidas.

Sobre lo que implica la amistad

El hombre íntegro hace mucho por sus amigos, incluso dar su vida. Así:

  • Renuncia a riquezas, honores y ambición si le impiden ser noble.
  • Si da su vida por el otro consigue el mayor de los honores.
  • Si le da dinero alcanza su propia gloria.
  • Es capaz de no actuar para que actúe y se luzca su amigo.

Y esto es bueno, pues elige y antepone siempre lo más generoso.

Sobre el número de amigos

¿Es mejor tener muchos o pocos amigos? Se debe buscar el término medio que será distinto para cada uno. Servir a muchos es trabajoso y difícil, y tener más de los necesarios puede ser molesto y embarazoso. Por tanto, debemos tener el número de amigos con los que podamos convivir, que es otra de las características necesarias (y que desarrollo en el siguiente apartado).

Realmente, no es posible ser amigo de muchos (con amistad perfecta) ya que la intimidad no solo es difícil sino que también requiere tiempo. Amigos por interés o por pasarlo bien si se puede tener muchos, pues muchos reúnen estas condiciones y este tipo de amistad, además, no requiere de mucho tiempo.

No somos capaces de amar a muchos (con intensidad), y por ello tampoco podemos ser amigos de muchos. Hay personas que parecen tener muchos amigos y gozan de gran familiaridad con ellos, pero realmente carece de amigos verdaderos y se contenta con la mera educación. Sí, tiene amigos, pero no son íntimos. Tener amigos íntimos es una suerte.

Sobre la convivencia

Lo que más buscan los amigos es la convivencia. La amistad es convivir y desear para el amigo lo mismo que para sí. La vida de nuestros amigos nos resulta grata (como la nuestra propia), y por ello buscamos su compañía. Por nuestra parte, aquello que nos resulta atractivo deseamos compartirlo con ellos. 

Se deben buscar las aficiones y gustos en común para ponerlos en práctica, porque para convivir hay que buscar lo que favorezca la convivencia. 

La amistad entre gente buena las hace mejores conforme aumenta el trato fruto de esa convivencia, pues dos amigos mutuamente se toman como modelo y se corrigen. 

Sobre su necesidad

A los amigos se los necesita siempre, tanto en la prosperidad para compartir la alegría y hacerla más noble, como en la desgracia, para pedir ayuda y consuelo, ya sea el de su presencia o el de su palabra. Quizá en estos casos la amistad es más necesaria aunque en ambos casos la presencia de los amigos siempre es grata.

En la medida de lo posible, debemos intentar no entristecer a nuestros amigos con nuestras propias desgracias. El mal se debe compartir lo menos posible a menos que, aun molestándolos, nos hagan un gran favor. Nosotros, sin embargo, debemos acudir en su ayuda antes de que nos llamen, y ello es grato para ambos y muy generoso.

Debemos cuidar por último los favores, aceptándolos de modo lento ya que no es noble el ansia de beneficios, pero a la vez cuidando de que su rechazo no sea por sistema o con indiferencia ya que podemos ocasionar daño a quien nos lo presta, que también pretende manifestar así su generosidad y delicadeza.

Sobre la distancia

La distancia no impide la amistad, sino su ejercicio. Pero si la ausencia se prolonga y no se pone ningún otro tipo de medios que la suplan, también la amistad cae en el olvido. La falta de trato deshace muchas amistades pero, en pleno siglo XXI, se poseen medios suficientes para que, si se quiere, esto no ocurra.


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